Tienes un ojo clínico para el defecto. Entras en una habitación y ves el cuadro torcido. Conoces a alguien y ves inmediatamente dónde está su trauma y cómo podría mejorar su vida. Te dices que lo haces por su bien, que eres servicial y atento. Pero la realidad es que tu perfeccionismo es un mecanismo de defensa contra el caos. Si todo está ordenado y todo el mundo es «correcto», tú te sientes seguro. Pero la vida es orgánica, sucia e imperfecta.
En la sombra de Virgo, el servicio se convierte en servidumbre o en crítica despiadada. Te relacionas con «proyectos»,no con personas. Buscas parejas o amigos a los que puedas «arreglar» o «mejorar». Y cuando no cambian según tu manual de instrucciones, te frustras y te vuelves mordaz. En el fondo, te tratas a ti mismo con la misma crueldad. Crees que no eres digno de amor hasta que seas perfecto.
La sanación llega cuando entiendes que tú no eres el corrector de estilo del universo. La compasión es aceptar la grieta,no taparla. Pregúntate: ¿Critico para ayudar o para sentirme superior y en control? ¿Me permito ser un desastre de vez en cuando? Tu eficiencia es admirable, pero tu humanidad reside en tus errores. Deja el bolígrafo rojo y empieza a abrazar el borrón.