Vivimos en la cultura de la seriedad. Ser adulto es estar preocupado, ocupado y cansado. Hemos relegado el juego, la creatividad y el placer sin motivo a los fines de semana o a la infancia. Pero la Casa V en tu carta no es «hobbies»; es la expresión de tu identidad vital. Si no juegas, te apagas. Si no creas por el simple placer de crear (sin pensar en venderlo o hacerlo útil), tu Sol se muere de hambre.
Hemos confundido al «Niño Interno» con una herida que hay que sanar llorando. Pero el Niño Interno es también la fuente de tu genialidad y espontaneidad. Es la parte de ti que dice «¡mira esto!» con asombro. Cuando reprimes esa energía para ser «profesional» o «maduro», te vuelves gris. La depresión es, muchas veces, la ausencia de expresión creativa.
Recuperar tu Casa V es atreverte a hacer el ridículo. Es pintar mal, bailar raro, enamorarte tontamente, subirte a un escenario. Es recordar que la vida es un teatro y tú eres el actor, no el crítico. Pregúntate: ¿Cuándo fue la última vez que hice algo solo porque me divertía, sin buscar ningún resultado productivo? ¿Me he vuelto un burócrata de mi propia existencia? Sal al recreo. Es urgente.