Si tienes mucho Fuego en tu carta (Aries, Leo, Sagitario), eres una antorcha andante. Vital, expresivo, dramático. Pero tienes un problema grave: eres adicto a tu propia adrenalina. Crees que si no estás entusiasmado, eufórico o en medio de una cruzada, no estás vivo. El estado neutro te parece la muerte. Por eso, generas crisis, te enamoras compulsivamente o te metes en problemas solo para sentir el latido acelerado del corazón.
Esta adicción te lleva al agotamiento («burnout»). Quemas la vela por los dos extremos. Arrasas con tu cuerpo y con la paciencia de quienes te rodean, que a menudo se sienten chamuscados por tu intensidad. Eres un pésimo escuchador porque siempre estás pensando en tu próxima gran acción. Tu brillo encandila, pero a veces no calienta, solo quema.
Necesitas aprender a gestionar tus brasas. La espiritualidad del Fuego no es la explosión, es la llama piloto que se mantiene encendida en la tormenta sin hacer ruido. Necesitas aburrirte. Necesitas silencio. Pregúntate: ¿Puedo estar un domingo por la tarde sin hacer nada sin sentir que mi vida carece de sentido? ¿Estoy actuando desde mi centro o desde mi ansiedad? Aprende a enfriarte sin apagarte.